HAMMER

1974

Gran Bretaña / Hong Kong

110 minutos

 

THE LEGEND OF THE SEVEN GOLDEN VAMPIRES

(KUNG-FU Y LOS SIETE VAMPIROS DE ORO)

G

 

Director :

Roy Ward Baker

Interpretes :

Peter Cushing

    Julie Ege       

David Chian

  Robin Stewart   

   Shin Szu    

John Forbes- Robertson

Robert Hanna

Chan Shen 

Feng Ko An

Liu Cha Yung  

Chen Tieng Loon

Wong Han Chan

Guión :

Don Houghton

Fotografía :

John Wilcox, Roy Ford

Música:

James Bernard

 

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En pleno furor de las películas de artes marciales, una Hammer en absoluto declive económico y, sobre todo, artístico decidió mezclar sus mitos tradicionales con el cine de mamporros a destajo, patadas voladoras y vuelos acrobáticos y sobrehumanos aliándose con un productor de Hong Kong para realizar una extraña mezcolanza que resultó ser una de las películas involuntariamente más hilarantes de cualquiera de los dos géneros.

Peter Cushing, con su habitual dignidad, encarna por enésima vez al profesor van Helsing con la profesionalidad de la que siempre hizo gala independientemente del presupuesto, la calidad o las perspectivas de éxito del proyecto en que se embarcaba. El contraste con el resto de intérpretes -en particular los pésimos otros actores occidentales- es ciertamente enorme.

La trama es tan absurda que merece ser resumida: El guardián del culto de los siete vampiros de oro viaja desde China hasta Transilvania para pedir ayuda al Conde Drácula. Éste, al que las cosas por la vieja Europa parece que no le van muy bien, adopta la apariencia del oriental y decide irse al gran país asiático a probar fortuna. Algunos años después, el profesor van Helsing defiende la existencia de los vampiros en una conferencia pronunciada en una universidad china ante el pitorreo inmisericorde de los alumnos.

7a.jpg (11502 bytes) Pero no de todos. En el auditorio hay un joven que procede de la aldea que es periódicamente asolada por los chupasangres del medallón dorado y éste convencerá a van Helsing para organizar una expedición con el propósito de aniquilarlos y salvar al poblado de tan terrible maldición. La expedición, financiada por una viuda rica que pasaba por ahí, será defendida por el joven estudiante y sus hermanos, todos ellos expertos en alguna disciplina de artes marciales.
Los momentos culminantes de la cinta son, como es fácil suponer, las luchas contra los vampiros. Vampiros que, al serles retirado el medallón que lucen el pecho se (literalmente) deshinchan como un globo (el presupuesto para efectos especiales debió ser más bien irrisorio). 7a.jpg (11502 bytes)
7a.jpg (11502 bytes) La última batalla es la culminación de los despropósitos que se han ido sucediendo durante todo el metraje.
Defendidos tras una empalizada, nuestros bravos luchadores se enfrentarán a los vampiros que aún no han sido destruidos y a una legión de zombis más bien lamentables que son, por decirlo de alguna manera, los soldados de a pie de este ejército chino de las tinieblas (los vampiros, muy señoritos, van a caballo). 7a.jpg (11502 bytes)
7a.jpg (11502 bytes) Los no-muertos serán destruidos, pero los hermanos karatekas dejarán sus vidas en tamaño logro.
Así pues, el enfrentamiento final será, una vez más, entre Drácula y van Helsing y, de nuevo, el segundo saldrá vencedor, liberando, de paso, a unas chinitas ligeras de ropa que el malvado conde tenía prisioneras para someterlas a torturas y sevicias propias de su condición siniestra y malvada. julieege7vampires.jpg (5866 bytes)
julieege7vampires.jpg (5866 bytes) La película reúne lo que se podía esperar de una producción comercial de segundo orden pensada para tener éxito en programas dobles, cines al aire libre y otros circuitos de prestigio más bien escaso.
Es decir: amplia gama de golpes y patadas, dos o tres planos de pechos femeninos sin que vengan a cuento, sangre a raudales, un guión lineal y bastante simple y una duración que no llega a la hora y media en su versión occidental (la versión para Oriente incluía media hora más de batallas y mamporros). 7vampir.jpg (6671 bytes)
julieege7vampires.jpg (5866 bytes) Como curiosidad destaquemos que la imagen que aterroriza a los vampiros orientales no es el crucifijo (no son vampiros cristianos), sino la figura de Buda; quizá una de las pocas muestras de ingenio de un guión adocenado y más bien chapucero.
La película, ciertamente, es bastante mala, pero es tal su desfachatez que provoca más de un rato divertido, cuando no absolutamente jocoso, y al concluir el visionado de la cinta nos embarga la sensación de que, al fin y al cabo, no hemos perdido el tiempo y quizá nuestro humor ha cambiado para mejorar.

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Recomendable para revisar de vez en cuando, preferiblemente en compañía y, a ser posible, algo achispado. La diversión está asegurada.

FILMOGRAFÍA DEL CONDE DRÁCULA

Sangre para DráculaFILMOGRAFÍADrácula 1979